El QuimiPop ASESINO anda Suelto!!

 
 

Panic in Barrio Sésamo

Capítulo 6

Bang! aquella bala había pasado muy cerca.
Ruido ensordecedor de disparos, Harris gritando, - ahh!!, me duele!, me duele!
- Donde te han dado? - dijo Jack entre disparo y disparo.
- No lo sé!, me duele aquí detrás - dijo señalándose el trasero.
- ¿A ver, a ver? dijo Jack con un ojo en la caravana y el otro en su compañero.
- Mierda! no puedo estar sentado - gritó Harris - me duele!
Harris se tumbó de costado.
- Joder! tienes todo el culo y los pantalones llenos de sangre por detrás! - le gritó Jack.
- Me mareo, dijo Harris.
- ¿A ver la herida? gritó Jack al ver que no paraba de salir sangre.
Ping! una bala pasó rozando los barriles donde estaban cubiertos nuestros héroes.
Harris se puso más de lado para que su compañero pudiera ver mejor la herida.
- Así no! - gritó Jack en medio del fragor del combate.
- ¿Qué? gritó Harris
- ¡Ponte mirando pa Cuenca! dijo Jack mientras recargaba su arma.
Harris se puso a cuatro patas, con el culo ensangrentado en pompa.
- Noo... no puedo, dijo Harris mientras se apoyaba con las manos y las rodillas en el suelo.
Harris cayó al polvoriento suelo, muerto.
- ¡Harris! gritó Jack mientras soltaba el arma y se abalanzaba sobre su compañero inerte.
 


Le dio la vuelta y le dio un cachete en los mofletes por si estaba inconsciente y trató de reanimarlo. Nada.
Intentó comprobar si tenía pulso, pero no logró acertarlo. La situación era extrema y él no tenía práctica.
- Mierda, tenía que haber prestado más atención en las clases de la academia.. jodeeerrr - Pensó.
Rojo de ira, cogió su arma y la de su compañero y comprobó la carga.
- ¡Hijos de puta! - gritó enardecido - ¡Os vais a enterar! ¡Os habéis cargado a mi compañero!
Se tocó la americana, donde tenía la sobaquera y cayó en la botella de whisky que siempre llevaba encima.
- ¡Cabroneees! - gritó - Tenéis 5 segundos para salir y decirme quien ha disparado a mi amigo! - gritó mientras sacaba un
pañuelo y lo mojaba con el líquido.
Introdujo el pañuelo en la botella, sacó el Zippo, y le prendió fuego.Las caravanas tienen unas propiedades combustibles muy importantes
- ¡Sus vais a cagar! - gritó mientras tiraba con fuerza el cóctel molotov hacia la caravana.
La fortuna hizo que la botella entrara por la ventana y se colara dentro, donde se rompió en tres mil trozos, pringó el interior de la caravana
y le pegó fuego.
- ¡Mierda! ¡Socorro! se oyeron varias voces desde dentro.
Jack, apostado en los barriles, encendió un pitillo con toda la calma del mundo, esperaba pacientemente, ya saldrían.

Los materiales plásticos de los que estaba construida la caravana alimentaron con fuerza el fuego, que se estaba extendiendo deprisa, muy deprisa,
y ya quemaba casi toda la caravana.
Salieron en tropel los 3 ocupantes de la caravana y Jack, a 2 manos, empezó a disparar a todo trozo de carne que estuviera en movimiento.
Los tres tipos no recorrieron ni 1 metro, la sangre salía disparada en todas direcciones, mezclada con trocitos de carne, ropa, vísceras y
olores de los plásticos del interior de la caravana, que se estaba quemando.
Lentamente, Jack recargó las dos armas sin dejar de mirar a los tres cadáveres. ¿Había uno que se movía?
Se acercó a los tres cuerpos y les disparó a la cabeza, por si acaso se lo pensaban. Sin dejar de mirar a los cadáveres, enfundó su arma y escupió
en los tres cuerpos destrozados.
Con toda la calma del mundo, sacó el móvil y llamó a la central de policía.
- ¡Necesito una ambulancia para un compañero que ha caído! le grito sin contemplaciones al aparato.
 


Llegó donde estaba el cuerpo de su compañero y comprobó que respiraba. Un suspiro de alivio y una sensación de bienestar recorrieron su cuerpo.
- Esos hijos de puta han tenido su merecido - le dijo a su amigo inconsciente.
Llegó una ambulancia, salieron los dos médicos y fueron corriendo hacia el fuego. Vieron a los cadáveres, que se estaban empezando a quemar, e intentaron
el rescate.
Jack, que los vio, les gritó: - ¡Ehh! ¡aquí!.
Los médicos se giraron hacia un Jack que señalaba el cuerpo de su compañero.
- ppeerooo - empezó a decir uno de los dos.
- ¡Tenemos que salvarlos! - gritó el otro médico.
- ¡Ni peros ni ostias! - gritó Jack - ¡Esos ya no se moverán de ahí! - dijo.
- ¡Rápido, movámoslos! - dijo uno de los dos médicos mientras volvía a centrarse en los cuerpos del suelo.
Crick! el percutor del arma al cargarse hizo que los dos médicos se volvieran hacia Jack.
- ¡Que vengan aquí si no quieren pasar a formar parte de la caravana! les gritó Jack con el rostro encendido por la ira.
Los dos médicos se miraron, recogieron las cosas a toda prisa y fueron hacia Jack y Harris, dejando quemarse a los cadáveres.

- ¿Dónde le han dado? - preguntó el médico a Jack mientras se arrodillaba para comprobar las constantes vitales de Harris.
- Él dijo que aquí - dijo Jack con un dedo señalando a su trasero.
Comprobaron que no tuviera nada roto, le pusieron un collarín para inmovilizarlo por seguridad, y le dieron la vuelta.
Cortaron los pantalones ensangrentados con unas tijeras y se pusieron a buscar una herida.
- ¿Tanta historia por esto? - Le dijo un médico a otro.
- ¿qué? dijo Jack.
- ¡Este tío sólo tiene un rasguño! - dijo el médico.
- ¡Sí, la bala no ha perforado nada, sólo ha pasado rozando! - dijo el otro.
- Sí, mire - dijo el médico mientras lavaba el peludo culo de Harris mostrando un rasguño sin importancia del que manaba sangre.
- Lo que no entendemos es lo de la sangre, está todo manchado de ella - dijo el médico.
- Ahora que lo veo, esto es sangre seca - dijo el otro médico señalando la parte cortada del pantalón.
Giraron a Harris y uno de los dos médicos le dio un par de cachetes en los mofletes mientras el otro le ponía en la nariz un pequeño potecito con pimienta.
Harris reaccionó, y dijo: - Pase sin entrar. Abrió los ojos.
Jack y los dos médicos se miraron, luego miraron a Harris mientras y le preguntaron al unísono: ¿EEein?
- ¿Te encuentras bien? - le preguntó Jack a su compañero.
- Sólo un poco mareado - olíó el aire a quemado - ¿barbacoa?
- Sí - dijo Jack señalando a la caravana - Hoy toca payaso cabrón a la plancha.
Los médicos repararon entonces en los cuerpos en la caravana y salieron corriendo para allá, pero la caravana estaba completamente en llamas sobre los
cuerpos de sus ocupantes. No pudieron hacer nada más que mirar.
 


Llegó un camión de bomberos.
Salieron los bomberos a toda prisa y se pusieron a sofocar el fuego. El jefe de los bomberos, se acercó a los médicos de la ambulancia.
- Perdonen que no hayamos llegado antes, hemos tenido que quitar un coche que molestaba, no podíamos pasar con el camión grande - dijo.
- ¿Ese plateado aparcado en la calle? - preguntó uno de los médicos.
- Sí, ese mismo, se lo ha llevado la grúa, contestó el bombero.
Sofocado el incendio, los restos humeantes de la caravana, los cuerpos, agua por todas partes y un intenso olor a plástico mezclado con salsa barbacoa inundaron el ambiente.
Jack quitó el collarín a Harris y los dos fueron a ver los restos de la caravana.
- Qué pasó? - preguntó Harris a su compañero.
- Te dieron, un rasguño en el culo, mariquita! contestó Jack.
- Yoquesé! replicó Harris - será el estrés!
- Es tres o es cuatro! eres un marica! dijo Jack.
- Bueno, lo último que recuerdo es que estos cabrones nos estaban disparando - dijo Harris.
- Vamos a ver - dijo Jack pensativo - Te dieron y te caíste en redondo.
- Entonces intenté buscarte el pulso pero no lo encontré y me cagué en todo lo que se mueve.
- ¿Llamaste a la ambulancia? preguntó Harris.
- No, pensé que estabas muerto, entonces sólo pude pensar en darles una lección a esos hijos de puta.
- ¿Y cómo fue?
- Pensé en pedirle ayuda a mi amigo Jack Daniels - dijo Jack mientras se sonreía - Le pegué fuego a la caravana y esperé a que salieran, luego les cosí a tiros.
- jua jua jua - Harris se descojonó - Desde luego no esperaba menos de tí.

Miraron los tres cuerpos calcinados, Harris se puso a contar con el dedo uno tras otro los tres cadáveres mientras canturreaba:
- Pito, pito, colorito, un payaso, quemadito, serás tu? se detuvo señalando uno de ellos, se agachó y puso la mano en el pantalón vaquero de uno de ellos y le cogió la cartera.
Miró en el interior y le dijo a Jack: - dále la vuelta.
Jack dió la vuelta al cuerpo, tenía la cara quemada pero se podía más o menos reconocer.
- Es él, dijo Harris enseñando el carné de conducir del fiambre a Jack - Freddo Liuizzi.
- Mira lo que tiene el mamón este en la cartera - dijo Harris sacando un papel doblado de su cartera.
Se mojó el dedo meñique y lo untó en el polvillo blanco dentro del papel, se lo llevó a la boca.
- Es del mismo tipo que la coca que me enseñaste antes - le comentó a su compañero.
- Pues entonces vayamos a hacer una visita al panadero - dijo Jack.
- Ahora no, luego, me siento cansado y me duele la cabeza.
- ¡Nada que no puedan solucionar un par de lingotazos! - dijo un Jack triunfante.
 



Salieron del cordón policial establecido alrededor de la caravana quemada y se encaminaron al coche, que tenían aparcado en una calle adyacente al circo.
Llegaron al lugar y estaba... vacío.
Harris, rojo de ira, miró a derecha: nada, a izquierda: nada.
- joderrr lo que me faltaba hoyyyy!! gritó.
- mierda cagontó! gritó Jack.
- como pillemos al cabrón que haya sido va a flipar - dijo Harris acercándose a la acera donde estaba aparcado el coche.
Jack esperando encontrar a la rana que antes habían apaleado, se crujió los dedos al acercarse a la acera, pero no había nadie cerca.
Sólo un papelito azul triangular, pegado a la acera, testimonio de la acción de la grúa municipal, esperaba a nuestros agentes.
Aparca bien y buen ciudadano serás- ¡La puta! dijo Harris.
- ¡Se lo ha llevado la mierda la grúa! gritó Jack.
- ¡Mira! dijo Jack señalando un poco más abajo.
Un vigilante de la área azul estaba poniendo una multa a un coche sin carné aparcado unos metros más abajo.
- ¡Seguro que ese cabrón ha llamado a la grúa! gritó Harris mientras salía corriendo - ¡A por el!
- ¡Eh tú! ¡mi coche! gritaba Harris mientras llegaba corriendo a donde estaba el chico de la zona azul.
- ¿Eh? ¿Qué? preguntó el chaval de la zona azul mientras se giraba hacia Harris.
¡Plaf! El puñetazo de Jack, que venía a la carrera, impactó contra la cara del chico, que salió despedido hacia atrás, el bloc de multas y la gorra volando.
El moratón en el moflete era intenso.
- ¡Aahh! ¡qué hacéis! gritó desde el suelo el chico, que no tendría más de 17 años.
Harris cogió de las solapas de la camisa al chico, lo levantó y lo puso a su altura, cara contra cara.
- ¡Mi coche! ¡Te lo has llevado tú! le gritó echándole la salivilla a la cara.
- ¿Qué coche? le preguntó asustado el chaval.
Harris le pegó un cabezazo y lo soltó, cayéndose al suelo el chaval.
- Ahora no lo niegues cabrón, dijo Jack.
Jack se agachó, cogió de la solapa de la camisa al chico y le dijo mirándole a los ojos.
- ¡Llamaste a la grúa pa que se llevaran el coche!
- ¿Eh? Yo.. no! intentó balbucear el chico medio aturdido.
Jack le propinó una bofetada al chaval, que echó un poco de sangre por la boca y quedó inconsciente.
Jack lo dejó en el suelo y cogió la libreta de las multas y la ojeó.
- Aquí no está la multa de tu coche - dijo.
- Se joda - dijo Harris - por todas las multas de aparcamiento que nos han puesto - añadió.
- ¡Mira que tenemos por aquí! - dijo señalando al coche que tenían al lado.
Un coche sin carné, de color claro, con la ventanilla rota y cables colgando debajo del volante, era justo lo que los agentes necesitaban.
Se subieron.

- ¡Joder! - dijo Jack - Éste es el coche del pavo aquel de la CIA, dijo.
- Sí ese que estaba esta mañana con el comisario, dijo Harris
- ¡Que se joda! gritaron los agentes al unísono entre risotadas.
Jack miró los cables de debajo del volante, con la intención de hacerle el puente por segunda vez en 48 horas.
- ¡Espera! - dijo Harris mientras le ponía una mano en el brazo para pararlo.
- ¿Que? preguntó Jack.
- Cri cri cri ... ¿ no lo oyes?
- ¡Joder sí! dijo Jack.
Harris se giró hacia el exíguo maletero (por ponerle un nombre al agujero ese) del coche y sacó una caja de metal con la especie de micro ese.
- Coño! el de la CIA también tiene un trasto como nosotros! - dijo Jack.
- Sí, pero ahora suena poco - añadió Harris.
- Bah, da igual, vamos a remojarnos el gaznate, dijo Jack.
- ¡De acuerdo!.
Empezaron a circular por la calle, y llegaron al primer semáforo, en el límite de Barrio Sésamo.
- Jack, ¿te diste cuenta que cuando pasamos por delante de la panadería, este trasto sonaba más? Le preguntó su compañero.
- Tenemos que volver a la panadería - dijo Jack.
- Pero antes recuperamos mi coche - repuso Harris.

Nada que destacar de su excursión al bar de la esquina de la comisaría, baste decir que salieron 2 horas después con unos cuantos cubatas encima... la tarde-noche sería larga y había que cargar las pilas.

Llegaron a la Plaza de las Glorias, donde dejaron el coche -es un decir- en el paso de cebra. Entraron por la puerta del recinto y se encaminaron a la taquilla de pagos.
Un cristal de seguridad con un orificio rectangular en la base del mostrador separaba el funcionario de la grúa municipal de los pobres ciudadanos que venían a buscar su coche allí.
Harris, introdujo su arma por el agujero y dijo con voz grave: "Mi coche".
El funcionario se sobresaltó.
- ¿Qué? ¡Seguridad! Gritó el funcionario dentro de la garita.
- Harris, pásame las llaves del coche, que está aquí al lado - dijo Jack.
- ¡Oigan! ¡no pueden hacer eso! gritó el funcionario.
Harris le tiró las llaves a Jack, que abrió el maletero del coche.
- Apártate, le dijo a su compañero.
Inmediatamente, Harris sacó su brazo y su arma del orificio y Jack, bate de béisbol en mano, le dió con toda su mala leche al cristal de seguridad, que se partió en tres millones de trocitos encima del
funcionario, que se hizo encima hasta su primera caquita de bebé.
Rápidamente, Harris saltó por encima del mostrador, cogió al funcionario, lo sentó en la silla, le puso la pistola en la cocorota y le dijo:
- Entra en el sistema y pon que el coche ya ha salido con normalidad de aquí.
- Pp perooo - le replicó el funcionario.
Crick, un arma cargada en las sienes de cualquier persona es una llave para abrir todo tipo de puertas.
El funcionario se meó encima mientras tecleaba en el ordenador los datos del coche y daba el ok a la salida.
- Muchas gracias- dijo pulcramente Harris mientras se guardaba el arma y salía por la puerta.
 



Ya en el coche, circulando Diagonal abajo, hacia la Zona Fórum, que estaba cerca de Barrio sésamo,
Harris le preguntó a Jack: - ¿Cómo sabías lo del cristal de seguridad?
- Cuando trabajaba en tráfico un amigo me dijo que habían puesto un cristal de seguridad defectuoso en la grúa de las Glorias, así que pense: "Total", y le dí.
- Joder, eres una caja de sorpresas, colega.
Jack y Harris se sonrieron mientras la noche tomaba cuerpo en la ciudad. Los edificios empezaban a iluminarse y en las calles la gente desaparecía para dejar lugar al cuerpo de limpieza.
- Mmmm, estaba pensando - dijo Jack - Párate que enchufamos el trasto ése que hace cri cri.
- Vale, dijo Harris mientras se ponía en el carril bus y echaba el freno.
Enchufaron el aparato, pero no emitía ruido alguno. Harris lo zarandeó.
- Joder, parece roto... déjalo en el asiento de atrás a ver.
Lo dejaron en el asiento de atrás y siguieron su camino hacia el Barrio.
Entraron en el Barrio, todo tranquilo, y oscuro, parece que ninguna de las farolas que adornaban las calles funcionaba, pero eso a ambos agentes no les importaba.
conforme se iban acercando a la panadería, el cri cri del aparato se hacía cada vez mas frecuente e insistente.
Bajaron del coche con el aparato en la mano.
La panadería tenía la persiana bajada pero eso no era problema para unos expertos como los agentes. Con un par de ganzúas, abrieron el cierre y subieron la persiana con sigilo.
Abrieron la puerta de la panadería y entraron. El aparato, insistentemente, seguía con su -cri -cri.
miraron los panes que había en las estanterías, los abrieron, olisquearon, comieron... pero no había ni rastro de coca. El mostrador, totalmente limpio, no daba muestras de ningún tipo.
Jack dijo a Harris en voz baja:
- Habrá que llamar a los del CSI.
Su compañero asintió con la cabeza y señaló a la puerta de la trastienda.
Jack sacó su arma y Harris hizo lo mismo, abrieron la puerta de la trastienda, entraron y...
... ¡el aparato se volvió loco!
-CRI CRI CRI CRI CRI!!
- Joder!, apaga eso! le dijo Harris a Jack
- ¡Coño, ¡a ver cómo se apaga! dijo Jack
Ambos agentes miraron el aparato mientras buscaban casi a tientas el botón que lo paraba.

- ¡QUÉ ES TANTO ESCÁNDALO! ¡QUE HACEIS VOSOTROS AQUÍ!
Los agentes, se giraron, al fondo del pasillo, que formaban las estanterías, cajas y sacos de harina, aparecieron unos muñecos de trapo, como los que había por el barrio.
Desenfundaron las armas, y sin mediar palabra empezó el tiroteo.

En un mundo lleno de peligros, mas vale pistola en mano, que bate de béisbol en el maletero.

 


 

Continuará...

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